Quisiera recorrer ese extraño jardín.
He visto desde lejos las puertas de su fortaleza,
he caminado soles y lunas para llegar a ellas.
Tan sólo quisiera recorrer este extraño jardín.
Cansada, asomé mis ojos entre sus enmohecidas aldabas
y me he enamorado del lago de lotos vírgenes,
del trino de los pájaros invisibles,
de los musgos estrellados que arropan rocas.
Si sólo pudiera recorrer este extraño jardín...
Me ha subyugado el canto inaudible de las diminutas ranas,
las raíces retorcidas de manos de hechicera antigua de los árboles,
de las flores nunca vistas y monstruosas, bellas.
Deseo recorrer este extraño jardín.
De aromas asfixiantes y melancólicos,
memoriosos y desconocidos.
He rodeado esta fortaleza, tanta belleza ciega,
y no he hallado más que algunas grietas.
Quisiera recorrer este extraño jardín,
pero no he podido entrar.
El velador me lo ha impedido.
Teme que seque las hierbas con mis pisadas,
que robe el aroma de las flores con mi piel,
que alimente mi ser con agua de lotos.
¡Oh cómo quisiera recorrer este extraño jardín!
Sólo deseo entrar para aliviar mi cansancio,
iré con paso de liebre, nada estropearé.
Limpiaré mi cuerpo con las aguas del lago plata y verde,
de pececillos breves y retoños de nenúfar y loto.
Quisiera recorrer este extraño jardín.
Me he enamorado del loto que duerme en medio del lago,
sólo quiero llenar mis ojos de su belleza y embriagarme con su aroma.
No puedo llegar a él.
No tengo barca para enamorarlo y acariciar su piel.
Maeli Pérez
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