martes, 1 de septiembre de 2009

LUIGI CHANCHITO, LUIGI EL COCHINO



Todas las mañana en casa de la familia Chanchito ocurría la misma escena.
-¡Luigi Chanchito a bañarse!- vociferaba mamá Chanchita.
-¡No, no, no y
no! Que no me baño hoy ni nunca jamás.
- ¡Papá Chanchito se va poner muy bravo! Si no te bañas Luigi, esta tarde no ves televisión.
Entonces sí, Luigi tomaba su toalla, arrastrando las patitas y con cara de pocos amigo se metía al baño… Pero en vez de asearse se ponía a jugar con sus muñecos de hule, los botes de champú de su mamá y la espuma de afeitar de su papá, no se enjabonaba nada ni se lavaba los pelos de la punta de su rabo, salía tan cochino como entraba.
Mamá Chanchita, creyendo que se había bañado bien, lo peinaba, le ponía ropa limpia, le daba un beso y a la escuela. Y Luigi, con su rabito retorcido y tieso, se iba contento porque vería a sus amigos.
Un día Luigi llegó a la escuela cargando todo el sucio de una semana, saludó a su amiga Catalina y se sentó a su lado.
-Luigi ¿qué son esos puntitos negros que están en tu rabito y en todo tu cuerpo? Antes eras todo rosado.
- Son mis mascotas moscas ¿te gustan?
- ¡Guacatela! ¿Cómo puedes tener ese montón de moscas pegadas a tu rabo? ¡Qué sucio eres!
- No siempre están pegadas- contestó él muy orgulloso- cuando muevo el rabo salen volando. ¡Mira!
Luigi empezó a agitar la colita y de pronto todo el salón se llenó de moscas, todos los niños comenzaron a correr asustados.
-¿Qué es eso, qué es eso? ¿Dónde hay basura? ¿De dónde salen tantas moscas? ¿Qué huele mal?- gritaban.
Gonzo, Pierre, Catalina y Luigi salieron huyendo del salón, pero el enjambre de moscas iba siguiéndolos.
-¿Por qué nos persiguen estas moscas?- preguntó Gonzo tratando de montarse en un árbol para espantarlas.
- Es culpa de Luigi ¿no te has dado cuenta que huele muy feo?- gruño Pierre tirando zarpazos a todos lados.
- ¡Vete de aquí Luigi! Estás muy cochino y todos esos insectos te persiguen por eso. Ya no jugaré más contigo por sucio- gritó Catalina hundiéndose en un charco cercano para evitar que las moscas se pegaran a ella.
-¡Eso no es verdad! Es que son moscas amaestradas- dijo Luigi- por eso es que me siguen.
- Mentira, te siguen por cochino, no te gusta bañarte. Mira, yo me lamo todos los días y no huelo raro como tú, tampoco me persiguen los bichos. Y como a mi no me gusta lo sucio no voy a jugar más contigo hasta que te bañes, no quiero que me persiga ese montón de moscas por tu culpa- dijo Pierre marchándose.
- Yo tampoco jugaré más contigo, mi mamá me limpia todos los días y no le gusta que ande con niños sucios. Dice que lo cochino se pega- Gonzo se tapó la nariz y se fue.
Triste porque sus amigos lo rechazaron, Luigi se sentó a llorar rodeado por las moscas. Sucedió que en ese momento venía el señor Chigüire con su camión a recoger la basura y como era medio cegatón creyó que ese bultito rosado con negro, hediondito y rodeado de moscas era una bolsa de basura. Se bajó del camión y agarró a Luigi por las orejitas para echarlo con el resto de la porquería, el cerdito empezó a gritar y a mover las patitas.
-¡Socorro, auxilio! ¡Suélteme señor Chigüire, yo no soy una bolsa de basura!
El señor Chigüire aguzó la vista y lo examinó bien.
- Ummm, una bolsa de basura parlante. Debe tener algún muñeco de esos mecánicos.
- ¡No, no soy un muñeco, soy un cerdito niño! ¡No me tire a la basura por favor!
- ¿¡Un cerdito niño!? Qué muñeco tan inteligente este. Me quiere engañar. A ver ¿Eres redondito y pesadito? ¿Te rodean las moscas? ¿Estás sucio y pegajoso? ¿Hueles mal?
- Si, si, si, si- dijo Luigi.
-¡Entonces eres una bolsa de basura! ¡Al camión!- lanzó al pobre cerdito pero este agitó sus patas tanto que cayó al piso, se paró rápidamente y echó a correr, al ver esto el señor Chigüire se montó rápidamente en su camión y empezó a perseguirlo.
- ¡Atrapen a esa bolsa de basura embrujada!- gritaba el señor Chigüire.
- ¡Auxilio! – gritaba Luigi corriendo como loco mientras las moscas y el señor Chigüire lo perseguían, corrió hasta llegar a su casa y se escondió.
-¿Qué pasa hijo, por qué corres tan asustado?- preguntó mamá Chanchita alarmada.
-¡Mamá me persigue el camión de la basura, me quiere llevar al botadero!
-¡Ajá! ¿Y por qué querrá llevarte el camión de la basura?
Luigi bajó sus orejas y enrolló más su rabo apenado.
- Estoy tan sucio que el señor Chigüire cree que soy una bolsa de basura embrujada. Prometo que me bañaré cuando me lo digas mamá, más nunca voy a ponerme bravo cuando me mandes a bañar.
- Entonces Luigi Chanchito, Luigi cochino… ¡A bañarse!
Al día siguiente Luigi fue a la escuela recién bañado, muy limpio y rosado, peinado y oliendo jabón. Al verlo, sus amiguitos Gonzo, Catalina y Pierre corrieron a recibirlo para jugar con él, estaban muy contentos porque Luigi había aprendido la lección: ¡era mejor estar limpio y tranquilo que sucio y perseguido!

GONZO, EL MONITO GOLOSO


Gonzo era un monito que vivía en una ciudad de animales escondida en la selva, como todo monito niño Gonzo tenía un papá y una mamá que lo querían mucho, también tenía muchos amiguitos en la escuela.
Todas las mañanas mamá Mona le preparaba un rico desayuno a Gonzo para que se lo llevara a la escuela, pero a Gonzo lo que más le gustaba eran las golosinas y papá Mono siempre lo consentía comprándole muchas chucherías.
Cuando llegaba la hora de la merienda en la escuela, Gonzo se reunía con sus amigos Catalina la cocodrila, Pierre el gato y Luigi el cochinito para compartir lo que sus mamás les habían enviado.
- A mi me mandaron una panqueca de lechuga y un trozo de torta – dijo Luigi
- A mi un sándwich de ratón y un pudín de chocolate –dijo Pierre relamiéndose los bigotes.
- ¡Qué fea es tu comida siempre Pierre!- dijo Catalina haciendo pucheros- A mi no me gustan nada los ratones y tú siempre quieres cambiar un poco de tu comida con la mía.
- ¡Pero es que tu mamá cocina muy sabroso! ¿A ver qué trajiste hoy?
- Traje una arepa de venado y gelatina de muchos colores.
- Te cambio un poco de tu arepa por todo mi pudín – Catalina tomó el pudín y le dio parte de su arepa a Pierre
- ¿Y tú que trajiste Gonzo?
- Traje una cachapa de hormigas, ensalada de frutas, y muuuuchas chucherías…
- ¡Qué sabroso ensalada de frutas! ¡Qué rico cachapa de hormigas!- dijeron los amiguitos de Gonzo.
- Bueno, les doy mi cachapa y mi ensalada si me dan sus dulces.
Todas las mañana era igual, los niños cambiaban sus golosinas por la comida de Gonzo que siempre era muy rica.
De tanto comer chucherías Gonzo comenzó a ponerse gordo y fofo, se cansaba de correr y jugar, la ropa se le rompía encima y se puso muy flojo; en cambio sus amiguitos crecían cada día más y podían jugar sin parar.
- ¿Qué le pasará a Gonzo, papá Mono? Todos los días le mando comida muy nutritiva a la escuela y no crece, cada día está más flojo y gordo- se preguntaba mamá Mona muy preocupada.
- ¿Será que está enfermo, mamá Mona?
Lo que papá Mono y mamá Mona no sabían era que Gonzo cambiaba todos los días su comida por chucherías y por eso estaba así de gordo y flojo.
Los amiguitos de Gonzo al verlo así tampoco querían jugar con él, les daba miedo que al colgarse de la rama de un árbol ésta se rompiera y Gonzo les cayera encima y los estripara, tampoco querían compartir su comida con él porque siempre quería engullirse todo lo que encontraba; cuando hacía frío, si Gonzo olvidaba su suéter, ninguno quería prestarle el suyo por miedo a que se lo rompiera.
- Pierre vamos a jugar a quién trepa este árbol más rápido
- ¡No, no no! No juego contigo a eso Gonzo. ¿Y si me aplastas?
- Luigi, préstame tu suéter que tengo frío.
- ¡No, no, no, no Gonzo que me lo rajas de tan gordo que eres!
- Catalina, invítame a tu casa a comer torta.
- ¡Mi mamá me dijo que no llevara más a mi amiguito el mono gordo a casa porque todo se lo devora!
Gonzo cada día se sentía más solo y triste porque ya nadie quería compartir con él, pero no dejaba de comer chucherías hasta que un día…. ¡¡¡PLAAAS, PLINN, PUUUUMMM!!!
Al escuchar tanto ruido mamá Mona y papá Mono corrieron al cuarto de Gonzo para ver qué sucedía y a que no adivinas qué cosa vieron… ¡De tan gordo que estaba Gonzo había partido la cama y el piso de la casa del árbol quedando atorado en el agujero!
Hubo que llamar a los bomberos para que lo sacaran de allí y al enterarse de lo que había sucedido todos los vecinos se reían del pobre Gonzo. Mamá Mona y papá Mono, muy preocupados decidieron llevarlo al médico para saber qué le sucedía a su hijo monito.
- ¡Lo que tiene Gonzo es que come puras chucherías y por eso está así de gordito!- dictaminó el médico- De ahora en adelante debe comer cosas sanas para que pueda adelgazar y jugar con sus amiguitos.
Gonzo entonces entendió que no podía seguir comiendo tantas chucherías y dejó de cambiar su comida por golosinas, empezó a adelgazar con la ayuda de sus papás y sus amiguitos lo querían mucho y todo volvió a ser como antes; los cuatro amiguitos volvieron a jugar y a compartir su comida en el recreo olvidándose de las golosinas.

Para Rodrigo...

El nacimiento de mi sobrino resultó ser para mi un acontecimiento muy importante.
Hace seis años que mi querido Rodrigo aterrizó en este mundo, en ese momento pensé que sería interesante escribirle un par de cuentos infantiles para entretenerlo un poco y para ejercitarme en ese tipo de escritura.
También se me ocurrió que, siendo varón, podría escribirle un manual sobre cómo tratar a las mujeres cuando creciera (¡¡¡y convertirlo en el hombre ideal del futuro!!! Niñas, se está cocinando un príncipe, no un galán de vereda) pero ese sería tema para otro día y aún falta mucho para que Rodri tenga edad de seducir a nadie.
Este es el motivo por el que existe esta extraña sección en mi blog... Para ti, Rodri!

lunes, 24 de agosto de 2009

Lo que yo quería ser cuando fuese grande...

Me pregunto en qué clase de sádicos nos convertimos las veces que, por no/casualidad, conocemos a un niño y en medio del interrogatorio clásico para romper el hielo soltamos la bendita pregunta: "¿Y qué quieres ser cuando crezcas?"
La deliciosa inocencia infantil ( que en la adultez es pendejera) les hace responder cosas como: médico, abogado, bombero, policía, presidente, mamá, maestra... ¿Por qué carajo insistimos en hacerles amargar sus dorados años de infancia haciéndolos pensar en el futuro?
Es increíble como este mundo se encarga de prometerles un paraiso a los niños cuando lleguen a la adultez: dinero, poder, fama, sexo, ropa linda, viajes, libertad, etc, etc. Y todos caemos en esa patraña, sobre todo al llegar a la adolescencia anhelamos tener diez y ocho años para... No sé para qué.
La verdad es que los adultos, los que pagan cuentas, tienen tarjeta de crédito, trabajan, estudian, lidian con jefes insoportables y con gente en la calle, están gordos, son hipertensos, tienen que comprarse linda ropa y sonreirle a la gente que no le cae bien, ser responsables y encargarse de otros seres vivos; detestan ser adultos.
No hay nada glamoroso en la adultez, pero el hecho es que si en la adolescencia las hormonas nos dejaran ver cuál es el verdadero futuro que nos espera, la mitad de la población mundial se suicidarían antes de cumplir la mayoría de edad.
¿Qué tiene de maravilloso ser legalmente responsable de tus acciones? Cuando eras niño, al menos en un país sin reglas como este, casi cualquier cosa te era permitida con la excusa de que eras menor y no tenías uso de la razón.
¿Qué puedes beber y fumar? Mejor aprovecha los cigarros y cervezas de papá. luego tendrás que pagarlos tú.
¿Sexo? Si, ya puedes irte de putas y ser el afortunado portador de ladillas, chancros, hongos vaginales, gonorrea...
Si tienes seis años ir sin maquillaje, despeinado, con la ropa sucia de arrastrase por todos lados y sin medio en el bolsillos es bonito; si tienes veintiseis, eres un miserable fracasado.
El colmo es que los adultos con complejo de muy adultos, se niegan a reconocer que el paraiso de la felicidad e irresponsabilidad quedó mucho tiempo atrás, no volverá; y se atreven a tildar de enfermos a aquellos que hacen caso omiso de su edad cronológica y se comportan como niños.
Es el complejo de Peter Pan, los que "sufren" este complejo son personas que nunca quieren crecer, se niegan a disfrutar de las maravillas del mundo adulto. Ciertamente es un caso extremo, pero de vez en cuando no sería malo cruzar la frontera y ser un poco entusiasta e ingenuo.
Sabiendo lo que ahora sé, me vuelvo al pasado y me pregunto.
¿Qué quiero ser yo cuando sea grande?
Niña, siempre una niña.

viernes, 21 de agosto de 2009

Despertar

Abrir los ojos y encontrarme, aún dormida, en sábanas que sé ajenas.
No es mi casa ni mis sábanas, pero es mi lugar.
Es mío este lugar y este hombre que duerme a mi lado: se han metido en mis sueños los matices de estas paredes,
los aromas salinos de las almohadas,
la luz del cuerpo cansado y dormido de este hombre.
Es mío todo, porque yo soy parte del todo.
Hubo, sin embargo, una época en que habitaba en otros lugares, peregrina, siempre caminando.
No era mío el descanso, sólo el reposo inquieto en refugios inciertos.
Puedo recordar esos días...
La no-oscuridad no-luz mórbida de los moteles donde bebí el deseo de otras bocas.
Sólo prestado, no podía sentirlo por mi.
¿Quién era yo entonces?
Quizá el otro.
Ahora aquí la luz nocturna delinea la circunferencia de mis pechos,
y la piel plateada de mi amante se hace cobre entre las sábana anochecidas.
El deseo se apodera mí, mi deseo.
Yo de mi.
Por este mi amante ha nacido mi instinto.
Soy hembra.
No mujer aprendida.

Secantes


• Justo en ese punto, lejano ya, se cortaron las líneas de nuestras manos.
Resulta absurdamente real que un pedazo de vida no llegue a ser más que un accidental encuentro reducido a un punto en la línea vital.
Tu viniste a invadir mi espacio, a interrumpir mi linealidad con la tuya en el instante que crucé el umbral de una puerta, en algún colegio, en algún momento de mi adolescencia.
Y por milímetros de tiempo caminamos juntas la misma vía.
Hasta que, finalmente, cruzamos en definitiva el punto repetido en el que paramos a descansar.



Seguiste horizontalmente, ahogándote.
Seguí verticalmente, respirando.
Y de pronto, en algún momento del espacio, volví a hallarte paralelamente: “Sigo más o menos en lo mismo, desempleada, volví a la facultad pero todo es una mierda como siempre, unos malditos mataron a mis perros. No hay nadie en mi vida, sola como siempre, aunque hace dos mese salí con un psicópata que me pide dinero para no enviarles a mis padres un video que filmó escondido mientras tirábamos. ¿Y tú? ¿Qué hay de tu vida?”- dijiste.
“Yo, a decir verdad, estoy bien. Trabajé un año en una editorial pero renuncié hace un par de días pues voy a empezar a hacer mi tesis y me va bien en la facultad; tengo un nuevo gatito negro, me tatué un kanji en el vientre y comencé practicar yoga… Y hace seis meses estoy junto a un hombre, me hace feliz”
Secantes.
Eso fueron nuestras vidas. Me pregunto en qué momento coincidimos para volvernos perfectas extrañas, qué clase de ley pretendió unir nuestras diferencias, qué accidente temporal nos hizo reunir.
• Una coincidencia. Creíste que fue una señal para incluir el amor y yo te creí.
• No pensé que fuese un simple encuentro accidental en el cual debíamos mirarnos y continuar nuestros senderos sin detenernos a indagar viciosamente porqué tropezamos.
Sólo fue un error de cálculo del Escritor.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Lucifer

Hacia atrás mirar: negro, negro, negro, negro, negro, negro... Nada rescatable de la no-memoria.
Decía que tenía diez y ocho años, pero bien podía tener veinticuatro y parecer menor, o tener quince y parecer mayor. Era mejor el punto medio, diez y ocho, ni más ni menos; después de todo ignoraba cómo, cuándo, dónde y de quién nació.
Algunos podrían decir que era triste no tener una historia, pero a él le parecía divertido, un día apareció y ya (un viernes en la mañana o quizá todos los viernes en la mañana aparecía una y otra vez), no había nada más tras su persona.
Esa mujer o tal vez un hombre en sus sueños, la belleza muy parecida a la suya, casi divina, universal. El inmenso amor que lo unía a él/ella, pero esa superioridad, no podía soportarlo, no más. Siempre que él/ella lo quería a su lado lo tenía sin importar su ¿voluntad?
Así que se inventó un nombre, Gabriel, como el ángel de la anunciación, siempre adoró los nombres de ángeles, hubiese querido colocarse Lucifer que era el nombre del ángel más luminoso pero no, ése se había reveldo contra Dios. También se inventó una historia algo común, perdió a sus padres en un accidente y vivió el resto de sus días, hasta ese día, en un orfanato.
La guerra siempre en los sueños, ella/él enfurecida ante su traición, él lo tenía todo incluso a él/ella que nunca fue poseída por otro de los de su raza. El destierro al mundo de abajo, la pelea por el dominio del mundo del medio, la soledad o la compañía de los de su raza, corrompidos y traidores ahora. Él hizo su voluntad después de todo, ella/él se la concedió pero ya nunca más podría verla.
Sin embargo le intrigaba saber de dónde había venido. Indagó con espiritistas, nunca ninguno le dijo nada, lo sacaban a gritos en cuanto descubrían la primera carta de su destino; preguntó a los locos que vivieron el platillos voladores, tampoco supo si era de alguno de esos lugares; se hizo regresiones y tan sólo veía lo mismo que en sus sueños, pero eso no podía ser posible.
Los sueños, su piel blanca junto a la suya blanca igual, sus labios de belleza extraña sobre los suyos de la misma belleza, su cuerpo luminoso contra el suyo igual de brillante, su amor intenso junto al suyo fiel, su voluntad de tenerlo amante de sus deseos y órdenes pues de su mano fue creación y obra. La ira, deseba tener también lo que su señor/señora tenía, el poder, la voluntad.
La última posibilidad, quizá un elevado sacerdote podría revelar su origen, tan sólo le dijeron que era una criatura de Dios, amada como todas las otras criaturas, pero que el brillo opaco de sus ojos amarillos tan sólo podían decir que no era más que un ángel caído en descracia. Supo la verdad entonces.
Los sueños de nuevo, ahora más una revelación. Podía regresar arriba y recuperar su brillo y a su amante bajo una condición: perder todo para empezar de nuevo inocente.
El mundo de abajo un caos, ha perdido a su señor, enamorado de Dios aún, Lucifer ha subido inocente al mundo medio en forma humana para redimirse con su señor/señora.

Mae