
Todas las mañana en casa de la familia Chanchito ocurría la misma escena.
-¡Luigi Chanchito a bañarse!- vociferaba mamá Chanchita.
-¡No, no, no y
-¡Luigi Chanchito a bañarse!- vociferaba mamá Chanchita.
-¡No, no, no y
no! Que no me baño hoy ni nunca jamás.
- ¡Papá Chanchito se va poner muy bravo! Si no te bañas Luigi, esta tarde no ves televisión.
Entonces sí, Luigi tomaba su toalla, arrastrando las patitas y con cara de pocos amigo se metía al baño… Pero en vez de asearse se ponía a jugar con sus muñecos de hule, los botes de champú de su mamá y la espuma de afeitar de su papá, no se enjabonaba nada ni se lavaba los pelos de la punta de su rabo, salía tan cochino como entraba.
Mamá Chanchita, creyendo que se había bañado bien, lo peinaba, le ponía ropa limpia, le daba un beso y a la escuela. Y Luigi, con su rabito retorcido y tieso, se iba contento porque vería a sus amigos.
Un día Luigi llegó a la escuela cargando todo el sucio de una semana, saludó a su amiga Catalina y se sentó a su lado.
-Luigi ¿qué son esos puntitos negros que están en tu rabito y en todo tu cuerpo? Antes eras todo rosado.
- Son mis mascotas moscas ¿te gustan?
- ¡Guacatela! ¿Cómo puedes tener ese montón de moscas pegadas a tu rabo? ¡Qué sucio eres!
- No siempre están pegadas- contestó él muy orgulloso- cuando muevo el rabo salen volando. ¡Mira!
Luigi empezó a agitar la colita y de pronto todo el salón se llenó de moscas, todos los niños comenzaron a correr asustados.
-¿Qué es eso, qué es eso? ¿Dónde hay basura? ¿De dónde salen tantas moscas? ¿Qué huele mal?- gritaban.
Gonzo, Pierre, Catalina y Luigi salieron huyendo del salón, pero el enjambre de moscas iba siguiéndolos.
-¿Por qué nos persiguen estas moscas?- preguntó Gonzo tratando de montarse en un árbol para espantarlas.
- Es culpa de Luigi ¿no te has dado cuenta que huele muy feo?- gruño Pierre tirando zarpazos a todos lados.
- ¡Vete de aquí Luigi! Estás muy cochino y todos esos insectos te persiguen por eso. Ya no jugaré más contigo por sucio- gritó Catalina hundiéndose en un charco cercano para evitar que las moscas se pegaran a ella.
-¡Eso no es verdad! Es que son moscas amaestradas- dijo Luigi- por eso es que me siguen.
- Mentira, te siguen por cochino, no te gusta bañarte. Mira, yo me lamo todos los días y no huelo raro como tú, tampoco me persiguen los bichos. Y como a mi no me gusta lo sucio no voy a jugar más contigo hasta que te bañes, no quiero que me persiga ese montón de moscas por tu culpa- dijo Pierre marchándose.
- Yo tampoco jugaré más contigo, mi mamá me limpia todos los días y no le gusta que ande con niños sucios. Dice que lo cochino se pega- Gonzo se tapó la nariz y se fue.
Triste porque sus amigos lo rechazaron, Luigi se sentó a llorar rodeado por las moscas. Sucedió que en ese momento venía el señor Chigüire con su camión a recoger la basura y como era medio cegatón creyó que ese bultito rosado con negro, hediondito y rodeado de moscas era una bolsa de basura. Se bajó del camión y agarró a Luigi por las orejitas para echarlo con el resto de la porquería, el cerdito empezó a gritar y a mover las patitas.
-¡Socorro, auxilio! ¡Suélteme señor Chigüire, yo no soy una bolsa de basura!
El señor Chigüire aguzó la vista y lo examinó bien.
- Ummm, una bolsa de basura parlante. Debe tener algún muñeco de esos mecánicos.
- ¡No, no soy un muñeco, soy un cerdito niño! ¡No me tire a la basura por favor!
- ¿¡Un cerdito niño!? Qué muñeco tan inteligente este. Me quiere engañar. A ver ¿Eres redondito y pesadito? ¿Te rodean las moscas? ¿Estás sucio y pegajoso? ¿Hueles mal?
- Si, si, si, si- dijo Luigi.
-¡Entonces eres una bolsa de basura! ¡Al camión!- lanzó al pobre cerdito pero este agitó sus patas tanto que cayó al piso, se paró rápidamente y echó a correr, al ver esto el señor Chigüire se montó rápidamente en su camión y empezó a perseguirlo.
- ¡Atrapen a esa bolsa de basura embrujada!- gritaba el señor Chigüire.
- ¡Auxilio! – gritaba Luigi corriendo como loco mientras las moscas y el señor Chigüire lo perseguían, corrió hasta llegar a su casa y se escondió.
-¿Qué pasa hijo, por qué corres tan asustado?- preguntó mamá Chanchita alarmada.
-¡Mamá me persigue el camión de la basura, me quiere llevar al botadero!
-¡Ajá! ¿Y por qué querrá llevarte el camión de la basura?
Luigi bajó sus orejas y enrolló más su rabo apenado.
- Estoy tan sucio que el señor Chigüire cree que soy una bolsa de basura embrujada. Prometo que me bañaré cuando me lo digas mamá, más nunca voy a ponerme bravo cuando me mandes a bañar.
- Entonces Luigi Chanchito, Luigi cochino… ¡A bañarse!
Al día siguiente Luigi fue a la escuela recién bañado, muy limpio y rosado, peinado y oliendo jabón. Al verlo, sus amiguitos Gonzo, Catalina y Pierre corrieron a recibirlo para jugar con él, estaban muy contentos porque Luigi había aprendido la lección: ¡era mejor estar limpio y tranquilo que sucio y perseguido!
- ¡Papá Chanchito se va poner muy bravo! Si no te bañas Luigi, esta tarde no ves televisión.
Entonces sí, Luigi tomaba su toalla, arrastrando las patitas y con cara de pocos amigo se metía al baño… Pero en vez de asearse se ponía a jugar con sus muñecos de hule, los botes de champú de su mamá y la espuma de afeitar de su papá, no se enjabonaba nada ni se lavaba los pelos de la punta de su rabo, salía tan cochino como entraba.
Mamá Chanchita, creyendo que se había bañado bien, lo peinaba, le ponía ropa limpia, le daba un beso y a la escuela. Y Luigi, con su rabito retorcido y tieso, se iba contento porque vería a sus amigos.
Un día Luigi llegó a la escuela cargando todo el sucio de una semana, saludó a su amiga Catalina y se sentó a su lado.
-Luigi ¿qué son esos puntitos negros que están en tu rabito y en todo tu cuerpo? Antes eras todo rosado.
- Son mis mascotas moscas ¿te gustan?
- ¡Guacatela! ¿Cómo puedes tener ese montón de moscas pegadas a tu rabo? ¡Qué sucio eres!
- No siempre están pegadas- contestó él muy orgulloso- cuando muevo el rabo salen volando. ¡Mira!
Luigi empezó a agitar la colita y de pronto todo el salón se llenó de moscas, todos los niños comenzaron a correr asustados.
-¿Qué es eso, qué es eso? ¿Dónde hay basura? ¿De dónde salen tantas moscas? ¿Qué huele mal?- gritaban.
Gonzo, Pierre, Catalina y Luigi salieron huyendo del salón, pero el enjambre de moscas iba siguiéndolos.
-¿Por qué nos persiguen estas moscas?- preguntó Gonzo tratando de montarse en un árbol para espantarlas.
- Es culpa de Luigi ¿no te has dado cuenta que huele muy feo?- gruño Pierre tirando zarpazos a todos lados.
- ¡Vete de aquí Luigi! Estás muy cochino y todos esos insectos te persiguen por eso. Ya no jugaré más contigo por sucio- gritó Catalina hundiéndose en un charco cercano para evitar que las moscas se pegaran a ella.
-¡Eso no es verdad! Es que son moscas amaestradas- dijo Luigi- por eso es que me siguen.
- Mentira, te siguen por cochino, no te gusta bañarte. Mira, yo me lamo todos los días y no huelo raro como tú, tampoco me persiguen los bichos. Y como a mi no me gusta lo sucio no voy a jugar más contigo hasta que te bañes, no quiero que me persiga ese montón de moscas por tu culpa- dijo Pierre marchándose.
- Yo tampoco jugaré más contigo, mi mamá me limpia todos los días y no le gusta que ande con niños sucios. Dice que lo cochino se pega- Gonzo se tapó la nariz y se fue.
Triste porque sus amigos lo rechazaron, Luigi se sentó a llorar rodeado por las moscas. Sucedió que en ese momento venía el señor Chigüire con su camión a recoger la basura y como era medio cegatón creyó que ese bultito rosado con negro, hediondito y rodeado de moscas era una bolsa de basura. Se bajó del camión y agarró a Luigi por las orejitas para echarlo con el resto de la porquería, el cerdito empezó a gritar y a mover las patitas.
-¡Socorro, auxilio! ¡Suélteme señor Chigüire, yo no soy una bolsa de basura!
El señor Chigüire aguzó la vista y lo examinó bien.
- Ummm, una bolsa de basura parlante. Debe tener algún muñeco de esos mecánicos.
- ¡No, no soy un muñeco, soy un cerdito niño! ¡No me tire a la basura por favor!
- ¿¡Un cerdito niño!? Qué muñeco tan inteligente este. Me quiere engañar. A ver ¿Eres redondito y pesadito? ¿Te rodean las moscas? ¿Estás sucio y pegajoso? ¿Hueles mal?
- Si, si, si, si- dijo Luigi.
-¡Entonces eres una bolsa de basura! ¡Al camión!- lanzó al pobre cerdito pero este agitó sus patas tanto que cayó al piso, se paró rápidamente y echó a correr, al ver esto el señor Chigüire se montó rápidamente en su camión y empezó a perseguirlo.
- ¡Atrapen a esa bolsa de basura embrujada!- gritaba el señor Chigüire.
- ¡Auxilio! – gritaba Luigi corriendo como loco mientras las moscas y el señor Chigüire lo perseguían, corrió hasta llegar a su casa y se escondió.
-¿Qué pasa hijo, por qué corres tan asustado?- preguntó mamá Chanchita alarmada.
-¡Mamá me persigue el camión de la basura, me quiere llevar al botadero!
-¡Ajá! ¿Y por qué querrá llevarte el camión de la basura?
Luigi bajó sus orejas y enrolló más su rabo apenado.
- Estoy tan sucio que el señor Chigüire cree que soy una bolsa de basura embrujada. Prometo que me bañaré cuando me lo digas mamá, más nunca voy a ponerme bravo cuando me mandes a bañar.
- Entonces Luigi Chanchito, Luigi cochino… ¡A bañarse!
Al día siguiente Luigi fue a la escuela recién bañado, muy limpio y rosado, peinado y oliendo jabón. Al verlo, sus amiguitos Gonzo, Catalina y Pierre corrieron a recibirlo para jugar con él, estaban muy contentos porque Luigi había aprendido la lección: ¡era mejor estar limpio y tranquilo que sucio y perseguido!
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