Abrir los ojos y encontrarme, aún dormida, en sábanas que sé ajenas.
No es mi casa ni mis sábanas, pero es mi lugar.
Es mío este lugar y este hombre que duerme a mi lado: se han metido en mis sueños los matices de estas paredes,
los aromas salinos de las almohadas,
la luz del cuerpo cansado y dormido de este hombre.
Es mío todo, porque yo soy parte del todo.
Hubo, sin embargo, una época en que habitaba en otros lugares, peregrina, siempre caminando.
No era mío el descanso, sólo el reposo inquieto en refugios inciertos.
Puedo recordar esos días...
La no-oscuridad no-luz mórbida de los moteles donde bebí el deseo de otras bocas.
Sólo prestado, no podía sentirlo por mi.
¿Quién era yo entonces?
Quizá el otro.
Ahora aquí la luz nocturna delinea la circunferencia de mis pechos,
y la piel plateada de mi amante se hace cobre entre las sábana anochecidas.
El deseo se apodera mí, mi deseo.
Yo de mi.
Por este mi amante ha nacido mi instinto.
Soy hembra.
No mujer aprendida.
viernes, 21 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario