miércoles, 21 de enero de 2009

Perfiles humano: de necios y mitómanos

Es mucho lo que hay que decir con respecto a estos personajes: siempre saben más que todos, han viajado a todas partes, hacen de todo (desde atender partos de vaca hasta ser maestros diamanteros), conocen a todo el mundo, lo han hecho todo, son mejores que todos, su familia es mejor que ninguna y tienen una vida exitante, brillante y maravillosa.

Son personas habladoras por naturaleza, todo el día andan en busca de una víctima para desahogar sus delirios porque sino se comunican se vuelven locos (claro, no es saludable saturarse la cabeza de tanto gamelote).

Siempre hay algún incauto que cree toda la perorata del necio-mitómano, pero son más los que lo oyen en absoluto silencio, sin creer una sola palabra.

Es contraproducente responderle a uno de estos personajes porque para apoyar su red de cuentos maravillosos deben inventar una larga retahila de mentiras, funcionan con la misma estructura de una narración de cajón de sastre: una historia se enlaza con otra antes de que la primera termine, y así una historia dentro de otra para nunca dar fin a la inicial.

Los necios-mitómanos son hábiles, nunca podrá cojerlos en su mentira y es preferible no intentar desenmascararlos ya que puede ser una experiencia desagradable.

Estos seres se sentirán profundamente ofendidos cuando se duda de su palabra, porque ellos jamás ¡JAMÁS! mienten (primero muertos y bañados en sangre que mentirosos)

La confrontación no es un buen camino porque el enfermo vociferará, pondrá a cualquiera que tenga cerca en contra de su inquisidor, dirá que él es inocente de todo cargo y acusará a su acusador de hipócrita, traidor, envidioso y mentiroso.

A estos pacientes hay que tratarlos como locos, si se topa con alguno sígale la corriente, no trate de buscarle sentido a sus historias porque no lo tiene.

Aún si el necio-mitómano le afirma que la foto que le enseña es de su último viaje a Roma (y usted ve que obviamente está en la Plaza Bolívar ¡al fondo está el tarantín de la esquina caliente!) No lo contradiga ni trate de hacerle ver lo obvio, sienta compasión.

Comprenda, el pobre loco lleva una vida triste y aburrida, más aburrida que la suya que lee este informe. Déjelo soñar, eso sí no cometa el error de creer alguno de sus cuentos fantásticos, sobre todo si alguno se refiere a estudios que nunca realizó porque puede ser nocivo para usted.

Imagine que el paciente le afirma que es diseñador y en su delirio le promete hacer el vestido soñado para el día de su boda, usted le cree y entonces... Espere sentada el día del gran evento, el vestido y el fulano nunca llegarán, cuando llame a reclamarle le contestarán: ¡pero mi amor, yo te hice el vestido y te lo llevé personalmente a tu casa, pero ya te habias ido con otro a la iglesia creyendo que yo no iba a llegar! ¡el vestido quedó precioso!

Cualquier parecido con la realidad queda por cuenta del lector.

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