Me pregunto en qué clase de sádicos nos convertimos las veces que, por no/casualidad, conocemos a un niño y en medio del interrogatorio clásico para romper el hielo soltamos la bendita pregunta: "¿Y qué quieres ser cuando crezcas?"
La deliciosa inocencia infantil ( que en la adultez es pendejera) les hace responder cosas como: médico, abogado, bombero, policía, presidente, mamá, maestra... ¿Por qué carajo insistimos en hacerles amargar sus dorados años de infancia haciéndolos pensar en el futuro?
Es increíble como este mundo se encarga de prometerles un paraiso a los niños cuando lleguen a la adultez: dinero, poder, fama, sexo, ropa linda, viajes, libertad, etc, etc. Y todos caemos en esa patraña, sobre todo al llegar a la adolescencia anhelamos tener diez y ocho años para... No sé para qué.
La verdad es que los adultos, los que pagan cuentas, tienen tarjeta de crédito, trabajan, estudian, lidian con jefes insoportables y con gente en la calle, están gordos, son hipertensos, tienen que comprarse linda ropa y sonreirle a la gente que no le cae bien, ser responsables y encargarse de otros seres vivos; detestan ser adultos.
No hay nada glamoroso en la adultez, pero el hecho es que si en la adolescencia las hormonas nos dejaran ver cuál es el verdadero futuro que nos espera, la mitad de la población mundial se suicidarían antes de cumplir la mayoría de edad.
¿Qué tiene de maravilloso ser legalmente responsable de tus acciones? Cuando eras niño, al menos en un país sin reglas como este, casi cualquier cosa te era permitida con la excusa de que eras menor y no tenías uso de la razón.
¿Qué puedes beber y fumar? Mejor aprovecha los cigarros y cervezas de papá. luego tendrás que pagarlos tú.
¿Sexo? Si, ya puedes irte de putas y ser el afortunado portador de ladillas, chancros, hongos vaginales, gonorrea...
Si tienes seis años ir sin maquillaje, despeinado, con la ropa sucia de arrastrase por todos lados y sin medio en el bolsillos es bonito; si tienes veintiseis, eres un miserable fracasado.
El colmo es que los adultos con complejo de muy adultos, se niegan a reconocer que el paraiso de la felicidad e irresponsabilidad quedó mucho tiempo atrás, no volverá; y se atreven a tildar de enfermos a aquellos que hacen caso omiso de su edad cronológica y se comportan como niños.
Es el complejo de Peter Pan, los que "sufren" este complejo son personas que nunca quieren crecer, se niegan a disfrutar de las maravillas del mundo adulto. Ciertamente es un caso extremo, pero de vez en cuando no sería malo cruzar la frontera y ser un poco entusiasta e ingenuo.
Sabiendo lo que ahora sé, me vuelvo al pasado y me pregunto.
¿Qué quiero ser yo cuando sea grande?
Niña, siempre una niña.
lunes, 24 de agosto de 2009
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ja ja ja ja....
ResponderEliminarEsa risa... es de sarcasmo?
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